“No quiero que me lloren
cuando me vaya a la eternidad,
quiero que me recuerden
como a la misma felicidad;
pues yo estaré en el aire,
entre las piedras y el palmar;
estaré entre la arena
y sobre el viento que agita el mar.”
(Fragmento de la canción “Una muchacha y una guitarra”)
Una estrella más se apagó en el firmamento de la música latina. El padre del Rock Nacional, el romántico de américa, el primer artista latinoamericano en llenar el mítico Madison Square Garden, el dueño del club de fans más ferviente que los argentinos hemos visto. Un tipo que bañaba sus canciones de sentimiento y que manejaba la escena como nadie. Un artista íntegro, una persona noble con una fuerte simpatía y amabilidad hasta con extraños de la que todos los que alguna vez se le acercaron pueden dar fe. Un hombre que aceptó la culpa de su propia salud y recordó con inevitable tristeza el día en el que por hacerse “hombre” conoció el puñal que le quitó la vida. Un ser entrañable que por vivir en paz y mantener su salud, debió encerrarse entre las cuatro paredes de su casa. Una voz inigualable con matices y sellos que lo identifican tanto como su ADN. Habría más cosas para agregar, pero mejor empezar a recordarlo con su trabajo:
Hasta siempre Gitano, te estaremos recordando con tus canciones y movimientos cuando nos transpirabas música y talento.
Para seguir esta correntada:










